Lucha por tu sueño a lo Sylvester Stallone

Emilio de la Barreda Martín8 febrero, 201715min4850
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En este artículo que quiero explicar la historia de Sylvester Stallone, una persona que fue de fracaso en fracaso hasta el éxito final.

Su ejemplo de tesón podría inspirarte en tu día a día porque en este artículo te hablaré de un tipo capaz de escribir, producir, dirigir e interpretar cosas como esta:

 

Sylvester Stallone: todo en contra desde el nacimiento

Sylvester Stallone (Nueva York, 1.946) no ha tenido nada fácil eso de la vida. Su cara, más bien su parálisis facial, es fiel reflejo de la dura vida que ha tenido desde el mismo momento de su nacimiento.

Porque problemas en el parto y unos fórceps mal utilizados seccionaron un músculo facial que le dejaron vivo pero con la mitad de su cara, incluida la lengua, paralizada.

Y si además naces en el seno de una familia muy humilde; con un padre inmigrante italiano de profesión peluquero, y una madre cabaretera; con continuas peleas maritales; en el Nueva York de 1.946; eres mal estudiante además de conflictivo…

Tienes, o pareces tener, todas las papeletas para ser un bala perdida, carne de presidio o morir joven en alguna disputa.

Y por ahí apuntaba la vida de Sylvester. Un niño conflictivo y mal estudiante que fue expulsado de 14 colegios. No destacó en nada y poco era lo que le gustaba hacer. Eso sí, se entretenía y participaba en las funciones del colegio, era lo que un poco más le llamaba la atención.

Su paso por la universidad de Miami

Después de pasar un curso en un colegio estadounidense en suiza decidió que su mundo sería la interpretación y gracias a una beca deportiva (ya hacía tiempo que cultivaba su cuerpo con los músculos que ha lucido toda su vida) consigue acceder a un curso de interpretación en la universidad de Miami.

Allí cursa estudios de 1.967 a 1.969. Pero lejos de mejorar sus dotes interpretativas o despuntar como actor con proyección, a sus veinte años, sus profesores le aseguraban que la interpretación no era lo suyo: más bien bajo (1,77cm) parálisis facial en media cara.

Media lengua paralizada que le impide hablar y pronunciar correctamente, arrastra las palabras; musculoso de más para los cánones de belleza masculina de la época… Lo tenía todo nuestro protagonista para fracasar en su sueño.

En busca de la gran oportunidad

Tras su paso por las clases de interpretación, y durante las mismas, participó en numerosas representaciones teatrales de muy escasa aceptación.

Consiguió aparecer en un pequeño papel muy secundario en una película de Woody Allen; hizo una aparición en una serie de televisión de mucho éxito como fue Kojack.

Pero no se le abrían las puertas. Se presentó al casting de El Padrino y fue rechazado…

Sylvester tuvo que vender su perro por 25$ a un desconocido para poder sobrevivir Clic para tuitear

A muy duras penas conseguía sobrevivir de la interpretación así que empezó a escribir guiones y mandarlos a todas las productoras. Sistemáticamente eran rechazados por todas ellas.

Si no conseguía ser buen actor tampoco parecía que escribir guiones fuese a sacarle de pobre.

Para poder comer algo llegó a protagonizar dos películas pornográficas que tampoco le granjearon buena fama como actor porno ni grandes sumas de dinero, pero le permitieron seguir intentándolo por un tiempo más.

En el fondo del pozo

En 1.975, ya con 29 años a sus espaldas y nueve intentando ser actor, Sylvester Stallone está en una situación crítica. No le quedan más amigos a los que pedir ayuda; su mujer le suplica todos los días que busque un trabajo y abandone toda pretensión de ser actor, que no es lo suyo.

Afirmó en alguna ocasión que por aquella época sólo conseguía tener unos 20 dólares en el banco.

Y fue en ese año, en marzo, cuando se dio cuenta de que había llegado a tocar fondo.

Un día, sin dinero, sin nada en el estómago, ni posibilidad de conseguir comida se dio cuenta de que su fiel compañero y amigo, su perro Butkus, llevaba unos días también sin comer.

Tomó conciencia de su situación y decidió que su perro no debía sufrir las consecuencias de su vida. Así que se metió en una tienda de licores y consiguió vender el perro por 25 dólares a un desconocido que le aseguró que lo alimentaría correctamente.

Salió de la tienda llorando amargamente. Había tenido que desprenderse del único ser vivo sobre la faz de la tierra que le seguía fielmente.

Había tocado fondo en su afán de perseguir el sueño de ser actor, y un buen actor, de los que viven bien gracias a sus interpretaciones.

Fue el momento de replantearse su vida, de ver si merecía la pena seguir persiguiendo un sueño del que todo el mundo quería hacerle despertar porque no tenía ni físico ni dotes interpretativas.

El combate de su vida

A finales de marzo de ese fatídico año de 1.975 las casualidades de la vida hicieron que asistiera a un combate de boxeo entre Muhammed Ali, en aquella época el mejor boxeador de todos los tiempos, contra un “viejo” y desconocido Chuck Wepner, boxeador que ya había llegado a los 37 años y que jamás había ganado ningún título importante en toda su carrera profesional, eso sí, había sido derrotado (generalmente por K.O.) por los grandes de esa época.

El combate, según cuentan las crónicas, fue épico. Ali no fue capaz de derribar a su viejo rival asalto tras asalto. Golpe tras golpe Wepner resistía y presentaba batalla, no se dejaba vencer y cada vez que caía a la lona se levantaba con fuerzas renovadas, seguro de que podría vencer al campeón.

Y casi lo consigue, en el noveno asalto, cuando llevó a Ali a la lona, algo que no había conseguido nadie desde hacía ya unos cuantos años.

Pero al final de los 15 interminables asaltos Alí fue proclamado vencedor por K.O. técnico ya que su rival tenía las cejas abiertas, los ojos hinchados y sin posibilidad de ver nada.

Pero la épica del combate y la victoria moral fue para Wepner y su más sonada derrota se convirtió en un gran broche de oro para el final de su carrera.

¿Os suena la historia?

Fuerzas renovadas

Tras ver ese combate Sylvester Stallone se encierra en su casa y no deja de escribir durante tres largos días. Parece ser que durante esos días a penas durmió unos minutos y tampoco comió (claro que no tenía nada que comer en la nevera)

De esos tres días de escritura inspirada en el combate de boxeo, sale Stallone con fuerzas renovadas para cumplir su sueño de ser actor. Con el libreto de Rocky bajo el brazo decide tocar las puertas de todos los productores que pudiese encontrar.

Él tenía ya la película completa en su cabeza y en ella Rocky era interpretado por la única persona que podría interpretarlo: él mismo.

En esta ocasión no fue rechazado por todos los productores, al contrario, a prácticamente todos los productores que les enseño el libreto, el germen del guión de la película Rocky, quedaban encantados con la idea y todos querían ponerla en marcha.

Todos querían darle sus propios matices. Todos querían amoldar la historia de Rocky  a sus propios gustos e intuiciones.

Esos productores, cada uno con su idea particular de cómo debía ser enfocada la película, sí tenían una cosa en común: no querían a Sylvester Stallone en la película.

Ni como extra, ni como secundario ni, mucho menos, como el protagonista.

Según parece alguno de esos productores barajaba la posibilidad de que Robert Redford hiciese el papel de Rocky.

Y Stallone, con sus fuerzas renovadas, volvió a tener claro que lo suyo era la interpretación y que nadie más podría hacer el papel del boxeador.

Así que fue rechazando oferta tras oferta, llegando a rechazar hasta 350.000 dólares por el guión.

A pesar de no tener nada para comer fue capaz de rechazar lo que todos le decían que era la oportunidad de su vida. Con 350.000 dólares en el bolsillo no sería millonario pero podría comenzar a vivir bien y podría labrarse un futuro como guionista (si la película al final tenía el éxito que todos querían)

Pero Stallone no quería ser guionista, quería ser actor. Y no dejó de rechazar ofertas económicas por la compra de su guión.

Hasta que llegó una oferta que no pudo rechazar: 30.000 dólares en metálico, el papel de Rocky en la película y una alta participación en los futuros beneficios, si los había.

Aceptó el trato, claro.

El triunfo de la constancia

Él mismo dice que lo primero que hizo nada más tener el dinero en el bolsillo fue ir a la licorería donde había tenido que vender a su perro para tratar de recuperarlo.

Durante tres largos días montó guardia en la tienda hasta que el desconocido propietario de su perro Butkus apareció por allí.

Le explicó que había conseguido dinero, que ya podía volver a encargarse de su perro, hasta se ofreció a  devolverle los 25 dólares que pagó, e incluso algo más.

No dejéis nunca de perseguir vuestros sueños o terminaréis trabajando por el sueño de otro Clic para tuitear

Pero el otro no cedía ni a tiros. Hasta que Silvester Stallone no puso encima del mostrador de la licorería 15.000 dólares el tipo aquel no soltó al perro. Mucho hay que valorar la fidelidad de un perro para estar dispuesto a desprenderse de la mitad de lo que se tiene por recuperarlo ¿no? Gente de principios, de las que ya no vamos quedando muchas.

El perro apareció en las dos primeras películas de la saga como el fiel compañero del boxeador.

El resto de la historia no creo que haga falta que os la cuente.  El éxito de la película fue rotundo e inmediato.

En 1.978 Rocky ganó el Oscar a la mejor película; fue nominada también como mejor guión y Stallone como mejor actor protagonista.

Al año siguiente se estrena Rocky II con guión, dirección y protagonista para Silvestre. A las pocas semanas de su estreno había sobrepasado los 220 millones de dólares de recaudación.

Y así es como alguien con todo en contra salvo su determinación y constancia consigue llegar hasta donde se propone y lo sobrepasa.

Porque Silvester Stallone no sólo es actor; también es productor, guionista y director. Además de promotor de boxeo.

Ejemplos como este hay muchos, en otra ocasión os contaré una historia divertida, espero haber podido inspirar a alguno de vosotros, esa sería una buena recompensa.

No dejéis nunca de perseguir vuestros sueños o terminaréis trabajando por el sueño de otro.

Emilio de la Barreda Martín

Consultor de Social Media especializado en el pequeño comercio y emprendedores. Talleres de formación.


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