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En un mundo tan competitivo como es el Marketing Digital, ya seas autónomo o empresario, es fácil que el estrés se convierta en un indeseado compañero de viaje que no sabes cómo quitarte de encima.

Cuando hablamos de estres, quien más y quien menos sabe qué es lo que se siente al tenerlo y con qué está relacionado: Nervios, tensión, mal humor, agotamiento, bajo rendimiento… Todo el mundo conoce la forma, aunque no tanto el fondo.

Y cuando eso sucede de forma sostenida en el tiempo, pueden pasar tres cosas:

😵 Que sientas más a menudo emociones desagradables y limitantes.

😩 Que tu productividad personal se vea afectada negativamente y pierdas motivación por tus proyectos.

🤒 Que puedas tener consecuencias nocivas a nivel de salud y se vea afectada tu agilidad cognitiva (memoria, creatividad, toma de decisiones…).

Por eso es tan importante entender mejor lo que es realmente el estrés, por qué aparece y, sobre todo, qué puedes hacer para que no se mantenga en el tiempo y acabe siendo tan perjudicial.

De hecho, lo más importante antes de empezar es explicar que el estrés en sí mismo no es ni negativo ni positivo.

Acabará siendo una cosa u otra según cuál sea tu capacidad para gestionarlo.

Te recomiendo que eches un vistazo a estos artículos sobre aspectos relacionados tan importantes como una correcta gestión del tiempo ó como mejorar tu productividad.

¿Qué es el estrés?


¿Sabrías explicar lo que es realmente el estrés?

El estrés es una respuesta automática de nuestro organismo, adaptativa y totalmente necesaria, que se produce cuando recibes una demanda importante del entorno y tienes que movilizar tus recursos físicos y psicológicos para superar la situación.

Dicho de otra forma, tu cuerpo se pone en alerta y concentra su energía en los músculos, en la respiración, en la atención… para que puedas resolver una situación dificultosa.

En esencia es una respuesta a algún tipo de amenaza. Es un sistema básico de supervivencia que ha permitido al ser humano, desde sus inicios, huir de un tigre o proteger a su familia del ataque de una tribu enemiga.

Lo que sucede hoy en día es que terminamos viendo amenazas por todas partes, como Don Quijote. Y la respuesta de estrés termina por generalizarse, desvirtuándose así su auténtica función.

Porque antes no éramos perseguidos sin descanso por un tigre durante una semana seguida… En cambio hoy en día sí que podemos sentirnos amenazados durante semanas por un trabajo complicado o por un conflicto con otra persona…

¡Y la respuesta de nuestro organismo es la misma en ambos casos!

¿Qué es un estresor?

Un estresor es la situación que dispara la alarma: una situación amenazante, una demanda o un reto complicado que desencadena el estres.

El papel del estresor es fundamental ya que la aparición y la duración del estrés son el resultado de combinar:

✅ Un estresor (demanda, amenaza, reto).

[¿Qué está sucediendo y cuánto tiempo dura?].

✅ La interpretación subjetiva que haces de él.

[¿Qué valoración hago de lo que está sucediendo?].

✅ Las habilidades que tienes para hacerte cargo de él.

[¿Qué voy a hacer para superarlo?].

▶ Vamos a ver qué es lo que sucede exactamente:

1️⃣ En un primer estadio, cuando se produce la demanda del entorno, simplemente salta la alarma y el organismo se prepara para reaccionar. Eso es algo que compartimos con la mayoría de especies y que nos ha servido para sobrevivir.

Pero la cuestión importante es lo que sucede en estadios posteriores, una vez nuestro razonamiento hace acto de presencia.

La situación que ha provocado el estrés puede ser más o menos relevante, pero es la valoración subjetiva que hagas de dicha situación, sumado a los recursos de los que dispones (o de los que crees que dispones), lo que te llevará a un resultado o a otro.

2️⃣ Si la respuesta de estrés es proporcionada, no se perpetúa y utilizas tus recursos para resolver la demanda, no se producirán síntomas nocivos y desagradables. El proceso será claramente positivo y lo llamaremos eustrés. 👍

3️⃣En cambio, cuando el estrés se alarga en el tiempo, aumenta su intensidad y rompe la armonía entre el cuerpo y la mente, no serás capaz de resolver la situación  y los síntomas negativos aparecerán sin compasión (especialmente la ansiedad). Entonces hablaremos de distrés. 👎

Esto es lo que popularmente se conoce como estrés bueno o estrés malo.

Llegados a este punto, me gustaría matizar el título de este post.

Lo he llamado “Como combatir el estrés” porque creo que es la mejor manera de que comprendas rápidamente qué es lo que te quiero contar.

Y además, fuera del ámbito académico, es perfectamente válido usar la palabra estrés para referirnos al distrés.

Pero teniendo en cuenta que esta respuesta natural es imprescindible para nuestra adaptación al mundo que nos rodea, quería aclarar que no se trata tanto de combatirla, si no de gestionarla.

Es decir, de hacernos cargo del estrés de forma consciente para que podamos obtener resultados positivos.

 

Síntomas del estrés : Fases determinantes


Cada individuo tiene una configuración distinta, debido a sus genes y a sus experiencias y aprendizajes, y eso hace que su umbral de activación del estrés sea más alto o más bajo.

Es decir, que hay personas que se estresan más fácilmente que otras y que, por lo tanto, entran en fase de alerta más a menudo.

A parte de las diferencias en el umbral de activación, está la capacidad de hacerse cargo de ese estrés, de gestionarlo positivamente y de evitar que entre en fase de defensa y de agotamiento.

 Si quieres reflexionar un poco sobre ello, hazte un par de preguntas:

  1. ¿Crees que tu umbral es bajo o alto?

O lo que es lo mismo, ¿sueles sentirte en estado de alerta habitualmente por todo tipo de cosas?  ¿O, por lo contrario, te cuesta estresarte y sólo lo haces en situaciones realmente complejas o amenazantes?

  1. ¿Sueles solucionar estas demandas rápidamente?

¿Encuentras fácilmente los recursos para hacerlo?

¿O te sientes saturad@ y sobrepasad@ casi siempre, sintiendo que cada demanda es como escalar el Everest en bañador?

Y recuerda que para que el estrés se vuelva nocivo no es necesario que lo produzca un solo gran estresor.

La suma de múltiples estresores (incluso pequeñas cosas del día a día)  nos harán entrar igual en respuesta de estrés y, por acumulación, también podrán llevarnos a una fase de agotamiento.

#1. La fase de alerta

Como ya te he contado antes, el estrés es una respuesta de tu cuerpo que se activa ante un estresor (una situación amenazante, una demanda o un reto complicado).

Esta primera reacción se llama fase de alerta, y los primeros síntomas son emociones como el miedo o la excitación, así como cierta tensión y agitación física y mental.

Ten en cuenta que estos síntomas no tienen por qué ser necesariamente sensaciones incómodas. Eso dependerá de tu forma de afrontar la situación.

A nivel neurobiológico, se activa el sistema simpático y las glándulas suprarrenales envían al torrente sanguíneo las hormonas adrenalina y noradrenalina.

Lo que hacen es suministrar energía de urgencia, aumentar la frecuencia cardíaca, producir una vasodilatación y aumentar el estado de vigilancia.

Por ejemplo, cuando un cliente importante te da muy poco tiempo para terminar un pedido, cuando entran en tu tienda cinco clientes de golpe o cuando tu hija de dos años se pasa el día haciendo rabietas.

También cuando se te estropea el coche en el peor sitio y en el peor momento, te llega una factura que no puedes pagar o tienes demasiadas cosas que hacer durante el día y todo el mundo te presiona…

Pero fíjate; en realidad no tienen por qué ser siempre escenas intrínsecamente desagradables. También pueden ser eventos positivos per se, como organizar una boda, irte de viaje o hacer una mudanza.

Son situaciones de sobrecarga, que exigen mucha energía, tiempo y recursos.

En muchos casos las procesamos como una amenaza  porque prevemos que nos pueden desgastar, hacernos sentir incomod@s o tener consecuencias negativas, pero también las podemos ver como un reto, un desafío motivador que queremos superar.

A partir de aquí, pueden pasar dos cosas.

✅ Si gestionamos la situación de forma constructiva y la resolvemos sin más problemas, el estrés dura lo que tiene que durar, nos ha activado, nos ha dado un empujón, hemos avanzado y la respuesta desaparece.

Mente y cuerpo estarán alineados.

Es ahí cuando el estrés, en el punto óptimo, nos permite rendir al máximo de forma positiva. Y esto va a depender totalmente de nuestra mentalidad.

❌ La otra opción es que pasemos a la siguiente pantalla…

 

#2. Fase de defensa

Si el estresor no desaparece, empezamos a encallarnos, nos sentimos saturados y sobrepasados, y no encontramos la manera de hacernos cargo de la demanda, entonces el estrés no se va a ir. Todo lo contrario.

Empieza la fase de defensa, donde ya podemos llamarlo oficialmente distrés.

El organismo debe resistir y aguantar la embestida, así que empieza a forzarse como un motor a cinco mil revoluciones.

En este punto, las suprarrenales segregarán otra hormona, el cortisol:  Su función principal es mantener constante el nivel de glucosa para nutrir músculos, corazón y cerebro. Lo que hace, por lo tanto, es asegurar la renovación de las reservas de energía.

Aquí ya pueden aparecer síntomas como:

❌ Ansiedad.
❌ Fatiga.
❌ Falta de motivación.
❌ Irritabilidad.

De nuevo, tenemos la opción de reorientar la situación y hacer que el estrés remita, ya sea porque el estresor desaparece por sí mismo o porque somos capaces de  resolver la demanda.

Pero si no lo conseguimos, entraremos en la siguiente etapa.

#3. Fase de agotamiento

En este punto las hormonas van perdiendo eficacia y contaminan el organismo, produciendo los efectos más nocivos.

Estamos alargando tanto la respuesta de estrés que nuestro cuerpo se agota y se desajusta.

Los síntomas pueden ser:

❌ Episodios de insomnio.
❌ Trastornos cardíacos.
❌ Dolores musculares y de cabeza.
❌ Fatiga.
❌ Problemas digestivos.
❌ Trastornos psicológicos como la depresión.
❌ Trastornos de la alimentación.
❌ Falta de concentración y de memoria.
❌ Muy bajo rendimiento.

Aunque imagino que lo habrás oído a menudo, el estrés no es algo que debas tomar a la ligera.

Porque aunque históricamente siempre ha estado ahí, nunca lo habíamos gestionado tan mal como en las últimas décadas.

 

2 métodos básicos para evitar el estrés


Cuando el distrés invade tu vida diaria, ya sea en temas personales o en tu negocio, el desgaste en tu salud, en tu bienestar y en tu productividad se irá haciendo cada vez más evidente.

Lo primero que debes tener claro es que hay dos enfoques a la hora de intervenir:

🢂 Hacer un trabajo de prevención para evitar el contacto con ciertos estresores.

🢂 Aprender a gestionar de forma constructiva las respuestas de estrés.

Es decir, teniendo en cuenta que el estrés es algo inherente al ser humano y que es necesario que forme parte de tu vida, no se trata de hacer que desaparezca, si no de prevenirlo para reducir aquellos factores que lo disparan y, si aparece,  gestionarlo para usarlo a tu favor.

Por ejemplo, en este artículo puedes leer las estrategias que utilizan doce emprendedores de éxito para hacer frente al estrés de su día a día.

Y para que tengas una guía clara sobre lo que puedes hacer para aprovechar el eustrés y decir adiós al distrés, aquí tienes 10 reglas que me parecen fundamentales y que te invito a seguir. 😊👍

¡A por ello!

Las 10 reglas fundamentales para combatir el estres


1. Aclara tus objetivos y sé consecuente con ellos

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Los seres humanos nos movemos por objetivos. Pequeños o grandes, pero siempre buscamos conseguir algún resultado o alcanzar un estado deseado: Los más básicos responden a necesidades esenciales como alimentarse, cobijarse, mantener la higiene o huir del dolor. Otros, también muy elementales, están impulsados por el placer inmediato o las adicciones, como por ejemplo el café mañanero o el tabaco.

Pero los humanos también buscamos propósitos más complejos que responden a cuestiones más profundas: La Psicología ha estudiado en profundidad la motivación de poder, de afiliación o de logro, así como las necesidades de autorrealización.

Este tipo de impulsos hacen que nos movamos hacia objetivos superiores que nos permiten construir un proyecto de vida más allá de la pura supervivencia (como ya explicaba Abraham Maslow en su teoría sobre la motivación humana de mediados del siglo XX).

Estoy hablando, por ejemplo, de empezar un negocio propio,  de colaborar en una ONG, de casarte, tener hijos, viajar…

Pero sucede que cuando este tipo de objetivos no están claros, puedes terminar por no saber muy bien para qué haces lo que haces.

Actúas todo el tiempo en piloto automático y te dedicas a “ir tirando”.

Y es entonces cuando el estrés puede aparecer con mucha más facilidad.

Por ejemplo, si te sientes sobrecargad@ de trabajo y además no tienes muy claro a qué objetivo superior (el “para qué”) responden dichas tareas, no podrás dirigir tu estrés hacia una conducta positiva.

Es más fácil que te bloquees.

Cuando tu mente se aclara y entiende hacia dónde te diriges y por qué, le resulta mucho más sencillo hacerse cargo de grandes volúmenes de tareas.

Se trata de ser coherente.

Porque no sirve el “hacer por hacer”. La acción debe estar claramente conectada con la meta establecida para que te acerque a ella.

Por otro lado, si los objetivos no están bien definidos y situados en una línea temporal asumible, puedes encontrarte con que quieres hacer demasiadas cosas de golpe.

No acumules tus proyectos de forma que por querer hacerlo todo, termines no haciendo nada.

 

2. Utiliza un buen sistema de organización

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Un factor determinante en la aparición o no de una respuesta de estrés es la acumulación de tareas pendientes, así como la falta de claridad respecto a cómo llevarlas a cabo.

Te sentirás amenazad@ cuando pienses cosas como:

  1. Hay demasiado por hacer.
  2. No tengo claro cómo hacerlo.
  3. Si no llevo a cabo las tareas habrá consecuencias negativas.
  4. Tengo poco tiempo.

El estresor más la suma de todos estos pensamientos son una receta segura para sufrir distrés.

Por eso, una regla imprescindible para evitar que esto suceda es utilizar un sistema de organización.

Se trata de seguir cinco pasos de forma sistemática:

  1. Capturar todas las tareas que tienes que hacer y apuntarlas en un dispositivo fuera de tu memoria (lista / agenda / calendario).
  2. Confirmar que lo que vas a hacer es realmente necesario y coherente con tus propósitos.
  3. Organizar dichas tareas para decidir cuándo las harás y con qué recursos.
  4. Revisar la lista para saber cuál es el siguiente paso.
  5. Ponte manos a la obra.

 

Captura, confirma, organiza, revisa, actúa. Esta es la secuencia.

Cuando esto pasa a ser un hábito, te darás cuenta de que tu mente se ha acostumbrado a vaciarse de “tareas pendientes” y de “planes”, ya que los has plasmado en un dispositivo externo.

Es como si la agenda o el calendario fuera un disco duro fuera de tu cerebro que almacena la información, y tú sólo tienes que acceder a ella cuando toca.

De esta forma liberas espacio en la memoria a corto plazo y puedes dirigir más energía a otros recursos cognitivos como la atención o la creatividad.

Está demostrado científicamente que el cerebro no está diseñado para ser una agenda. No le gusta tener tareas inconclusas rondando todo el día por ahí y se queda como atrapado hasta que no consigue terminar lo que está pendiente.

Es decir, tienes un cerebro que evolutivamente ha adquirido una gran capacidad para hacerse cargo de las cosas, para empezarlas y acabarlas lo antes posible, con la idea fija de alcanzar objetivos provechosos para tu supervivencia.

Pero no está preparado para estar dando vueltas a planes y cuestiones por terminar.

Por eso es muy importante que confíes en tu sistema.

Una vez la información se apunta en la lista, debes quitarla de tu cabeza hasta que no llega el momento de actuar y materializarla.

 

3. Pon un poco de Mindfulness en tu vida

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Mirar poco al futuro puede provocar caos.

 Mirar demasiado puede provocar estrés.

Mucha gente vive en el ¿qué haré después?. Dedican demasiada actividad mental a “pre-ocuparse” de lo que está pendiente, de lo que deben conseguir…

Otros viven principalmente mirando hacia atrás, presos de la melancolía o de la culpa.

La cuestión es que, o están mentalmente en el futuro o están en el pasado, pero no en el aquí y ahora.

Y resulta que ninguna de las dos cosas es real.

El único sitio donde puedes actuar y construir cosas es en el presente. El resto, sólo es información.

Cómo te comentaba antes, tener claros tus objetivos, planificar tus pasos y organizar tus tareas es súper importante y necesario para gestionar el estrés, pero la clave está en dedicar sólo un tiempo muy concreto a estas estrategias.

Lo que no funciona, y es más bien perjudicial, es estar constantemente con tu mente en el futuro o en el pasado.

O como yo digo, tener el plano constantemente abierto en gran angular.

Es decir, una vez has planificado y has decidido qué quieres construir, cómo y cuándo, es el momento de conectar con el presente, con la acción inmediata.

Es momento de cerrar el plano.

Porque si no, sentirás la sobrecarga de mirar demasiado al futuro y sentir que los objetivos quedan demasiado lejos, o que tienes muchas tareas por completar.

Y lo mismo si miras demasiado al pasado y eso te hace sentir que no eres suficientemente bueno para hacerte cargo de la situación.

Para evitar que eso suceda, es muy importante ejercitar tu capacidad de atención en lo que haces aquí y ahora, así como aprender a relajar tu cuerpo y tu mente.

Piensa que la atención es como mirar por una ventanita.

A través de tus sentidos  llegan muchísimos inputs a tu sistema nervioso. Tu entorno te envía información de forma constante y bastante avasalladora.

Tu cerebro es el que finalmente decide qué es lo que vas a ver por la ventanita.

Decide con qué, concretamente, te vas a conectar.

Y además de todos los inputs que vienen del exterior, tu memoria está constantemente enviando información a tu consciencia, que se entremezcla con los inputs del ambiente.

Por eso, si no eres capaz de enfocarte en lo que es realmente necesario, la atención se dispersa, la productividad disminuye y el distrés aparece.

Una buena herramienta para evitar que eso suceda es sin duda el Mindfulness.

Como dice su nombre, se trata de un método para desarrollar la atención plena. O lo que es lo mismo, procesar en profundidad lo que estás percibiendo ahora, sin juzgarlo, para fluir con ello y ser más efectiv@.

Hay dos formas de utilizarlo.

  1. La práctica formal: Consiste en utilizar técnicas de meditación siguiendo unas pautas concretas. Pero se trata de una meditación libre de carga espiritual, con un carácter meramente práctico orientado a entrenar tu capacidad de desarrollar la conexión con el momento presente.
  2. La práctica informal: Se trata de practicar la capacidad de conectar con el aquí y ahora en cualquier momento, mientras haces cualquier tarea diaria.

 

4. Activa tu sistema parasimpático y aprende a relajarte

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El sistema nervioso autónomo es el que controla los procesos inconscientes imprescindibles para la vida y, dentro de él, encontramos el sistema parasimpático.

Se ocupa, entre otras cosas, de relajar tu organismo para volver al estado de reposo después de una respuesta de estrés.

De esta forma reduces el gasto elevado de energía que tienes durante un estado de alerta para volver a la calma y a la normalidad.

Este proceso de estrés-reposo puede producirse de forma espontánea, cuando el estresor desaparece. Pero ya sabes que no siempre es tan fácil…

Si no desaparece y no eres capaz de manejarlo, la alarma se mantendrá activada.

Pero incluso a veces, cuando el estresor ya no está, te puede costar mucho volver al estado de reposo.

Por eso es muy recomendable aprender algunos ejercicios que te ayuden a activar el sistema parasimpático de una forma más controlada.

Una opción son los ejercicios de respiración consciente.

Por otro lado también puedes utilizar técnicas de relajación como:

  1. La relajación progresiva de Jacobson.
  2. El método Schultz.

 

5. Sé proactiv@

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El estrés está muy relacionado con la falta de recursos para hacer frente a una situación amenazante o complicada.

Es decir, que te falten conocimientos sobre algo, ayuda de alguien, recursos materiales, tiempo, energía, etc.

El estrés se puede volver claramente nocivo cuando o bien no dispones de los medios necesarios para superar la situación o bien crees que no los tienes (aunque no sea cierto).

Así que, si Mahoma no va a la montaña… ¡Despierta tu proactividad!

Cuando te sientas superado por algo, analiza lo que necesitas para conseguir superar la barrera, y ve a por ello.

Con el tiempo he podido comprobar que superar los muros que nos ponen delante es mucho más factible de lo que parece en un primer momento. Pero para conseguirlo hace falta la actitud adecuada.

Esperar que los problemas se solucionen por sí solos aumentará indefectiblemente tu nivel de estrés.

 

6. Ajusta la importancia que das a las cosas

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Esta regla es uno de los cimientos fundamentales que sostienen una mentalidad constructiva.

Si quieres avanzar en tu vida, reducir las emociones que te limitan y sentirte más plen@ y satisfech@, debes empezar ajustando la importancia que das a las cosas.

Para ello tendrás que revisar y replantearte muchas de tus creencias.

Principalmente se trata de valorar las situaciones que vives en tu día a día de forma más equilibrada. No todo puede ser terrible ni todo “muy, muy bueno”. Hay términos medios que permiten dar el valor correcto a cada cosa.

De esta forma puedes reducir la queja sistemática y el victimismo.

Te será mucho más fácil hacer frente a ciertos problemas si tienes claro que quizá son un poco malos, pero no terribles.

Conseguir transformar tu forma de interpretar las situaciones para ajustar de forma más racional la importancia que das a las cosas no es tarea fácil, pero para nada imposible.

Yo lo llamo, “quitarle peso a la vida”.

Y cómo todo, requiere un aprendizaje que debe ser implementado de forma constante.

En todo caso, no se trata de pasar de todo, sino de reaprender a valorar las cosas de otra forma.

No confundas pasotismo con objetividad.

 

7.       Acepta la vida en movimiento

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Siempre digo que nuestra sociedad se equivoca mucho cuando promueve la necesidad de tener estabilidad.

Desde la infancia, todo a nuestro alrededor nos hace desear un trabajo estable, una pareja estable, una vida estable

Además, lo habitual es que la palabra “estable” la entendamos a rajatabla tal y como la define la RAE: “Que se mantiene sin peligro de cambiar, caer o desaparecer”.

Y claro, si tu principal propósito en la vida es que aquello que vives no cambie y no desaparezca nunca, estás intentando vivir en un mundo de ficción y, cómo no vas a poder conseguirlo, aparecerá el estrés.

La vida es cambio, la vida no es estable.

Pero, ¿por qué va a ser malo eso?

Claro que puedes tener cosas por mucho tiempo a tu lado, y también puedes desarrollar proyectos que duren mucho, pero al final, de una manera u otra, todo cambia, evoluciona y se transforma. ¡Y eso es bueno!

Dicho de otra forma, pretender que la vida sea siempre un mar en calma es una ilusión. Saldrás a la mar con tu barco esperando placidez y cuando llegue la tormenta, el estrés podrá contigo.

Pero si lo que haces es aprender a navegar en cualquier condición, sea mar en calma o con grandes olas, conseguirás moverte con fluidez, y eso te permitirá reducir el estrés o gestionarlo de forma positiva.

No busques que todo se mantenga quieto.

Muévete con la vida.

 

8. Aprende a pedir ayuda

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Caer en el “dejadme sol@” puede ser un camino directo al distrés.

Y es muy habitual que queramos hacernos cargo de todo y pensemos “quien lo hará mejor que yo mism@”, ¿verdad?

Pero las cosas no funcionan así.

Aun cuando nos organizamos bien y seguimos muchas de las reglas que te estoy proponiendo aquí, a menudo no disponemos del tiempo suficiente para terminar todo lo que habíamos previsto.

En este punto es cuando el estrés puede pegar fuerte.

Por eso una solución es delegar y pedir ayuda. Pero no de cualquier forma.

Es fundamental saber conectar bien con la persona a la que pides colaboración. Debes ser empátic@ y comunicarte con claridad.

Y deja la culpa de lado. No eres más débil por pedir que te ayuden. Eres más inteligente.

 

9. Alimenta tu autoestima y tu autoconfianza

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Para gestionar el estrés a tu favor (eustrés) es esencial confiar en lo que eres capaz de hacer, sin distorsiones.

Al mismo tiempo debes ser muy realista con lo que no puedes hacer, y así poder tomar las medidas adecuadas.

Mírate a ti mism@ con una cierta distancia y procura ser muy honest@.

Cuando te quieres a ti mism@ de una forma sana (autoestima), evitas gastar energía en autocríticas inútiles y destructivas.

Cuando la autoconfianza está en buena forma, puedes dar un primer paso en las situaciones en las que el miedo te bloquea. Es una energía que te ayuda a actuar, a buscar soluciones, a planificar, a avanzar…

Si por ejemplo vives una situación de sobrecarga de trabajo y de responsabilidades familiares, la falta de autoconfianza te hará sentir que no puedes salir de esta red, que no vas a ser capaz de resolverlo.

En cambio, si confías en tus capacidades podrás dar el primer paso y encontrar una forma de deshacer el nudo y de superar el estrés.

En todo caso, es importante quererse siempre sin perder el norte, manteniéndote racional y no cayendo nunca en el menosprecio hacia los demás.

Aléjate de todo comportamiento narcisista y egocéntrico.

 

10. Acepta tus emociones

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El estrés puede ser la antesala de emociones como la ansiedad, la tristeza, la culpa, la rabia o la frustración.

Cuando nos sentimos sobrecargados a causa de un estresor y no conseguimos controlar la situación, lo habitual es que estas energías perturbadoras aparezcan para sumarse a la fiesta.

En la fase de defensa, el estado de alerta se incrementa y se sostiene demasiado, y eso genera respuestas emocionales que hacen mucho más difícil gestionar la activación física y mental.

Pero cuando de emociones se trata, hay que tener muy clara una cosa. No te van a limitar y a perjudicar si tú no las dejas.

Porque por sí mismas, igual que la respuesta de estrés, no son ni malas ni buenas. Son necesarias y forman parte de nosotros y de nuestras herramientas para adaptarnos al entorno.

Por lo tanto, el primer paso es aceptarlas, porque cuando aparecen es para informarte de algo importante y prepararte para actuar.

A mi hija de tres años le enseñan en la escuela un libro que se llama El monstruo de colores: Es una manera muy acertada de explicar la inteligencia emocional. Y lo curioso es que creo que es perfectamente válido también para los adultos.

A partir de ese cuento, yo le explico que cuando aparece uno de los colores (por ejemplo, el monstruo rojo es la ira, o el azul la tristeza) hay que respetarlo, aceptarlo, escucharlo… pero no hay que darle de comer.

Le digo: “no lo escondas, ni lo quieras echar a patadas, pero tampoco le des de comer. Tan sólo deja que haga su trabajo y ayúdalo a irse cuando sea el momento”.

Porque el problema viene cuando empezamos a argumentar y a justificar su presencia. En ese punto, estamos alimentando al monstruo, y entonces no se querrá ir y se irá haciendo grande, grande…

Lo mismo con la ansiedad (el miedo a la pérdida y al sufrimiento). Cuanto más la justificamos y más le damos de comer, más crece.

Si la aceptamos, la escuchamos y no la juzgamos, pero tampoco la alimentamos, se irá por su propio pie.

Infografía : Las 10 reglas fundamentales para combatir el estres

estres INFOGRAFIA

¿Qué opinas? ¿Te animas a poner en práctica estas diez reglas?

Como siempre, hazlo poco a poco y con constancia.

 

Si quieres saber un poco más sobre este fascinante tema, te invito a leer el artículo El estrés, ese gran desconocido.

Y Recuerda lo que decía Kierkeegaard:

“La ansiedad es el vértigo de la libertad”.

Soy formador y consultor en productividad personal y gestión del estrés para emprendedores. Creador de emotivact.com y del método FADER.
Quiero ayudarte a desarrollar las habilidades fundamentales que necesitas para que tu proyecto de vida emprendedor sea satisfactorio y sostenible. Te enseño a ser más productiv@ y a tomar las riendas de tu día a día para que tu energía y tu tiempo te lleven hacia tus objetivos.

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